El peso de los servicios públicos sobre salarios trepó al 14,5%
Los incrementos de electricidad del 50% y de gas del 43% superaron ampliamente a la inflación interanual, consolidando a las tarifas de servicios públicos como el 14,5% del salario promedio. Para morigerar el impacto en los ingresos, el Gobierno elevó un 80% los subsidios en el primer semestre, exponiendo la tensión entre el costo de vida y la meta fiscal.

La canasta de servicios públicos en el Área Metropolitana de Buenos Aires representó en agosto el 14,5% del salario promedio registrado del sector privado, de acuerdo con el último reporte del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP (UBA-CONICET). El dato refleja cómo la masa de gastos en tarifas consolidó un piso al alza que se viene registrando desde comienzos de la presente gestión, que en agosto del año pasado equivalía al 12,3% del ingreso y este año trepó poco más de dos puntos procentuales, marcando un elemento de presión al costo de vida. La suba responde, en gran medida, al incremento del costo de los combustibles —tanto Gas Natural Licuado (GNL) como gasoil para que utilizan para cubrir tanto la demanda gasífera de hogares como la de centrales termoeléctricas— como consecuencia de la guerra en Medio Oriente.
En efecto, el informe detalla que un hogar promedio del AMBA necesitó $289.622 en agosto para cubrir el consumo mensual de energía eléctrica, gas natural, agua potable y transporte. Aunque la cifra representó una baja del 2,1% respecto de julio pasado por una menor demanda estacional en electricidad y gas, en la comparación interanual acumula una suba del 54% nominal, superando por más de 20 puntos a la inflación estimada del período (34%). Los 14,5 puntos porcentuales que representa el costo de los servicios públicos sobre los salarios en la Argentina está en línea —o incluso por debajo— que la media de otros países de la región como Chile, Brasil y Uruguay.
Al desagregar el peso por rubros dentro del presupuesto del hogar, la factura de energía eléctrica registró el salto pronunciado con una suba acumulada del 50%, y el gas natural un 43% en el mismo lapso, ratifican do una aceleración por sobre la inflación. En el desglose de ingresos, para un usuario residencial sin subsidio la luz y el gas explican el 5,1% del salario promedio, en tanto que para un hogar con subsidios es el 3,7%.
Al evaluar la dinámica del gasto y el comportamiento tarifario, Alejandro Einstoss, coordinador del Observatorio de Tarifas de Servicios Públicos de la UBA e investigador del IIEP (UBA-CONICET), remarcó que «como regla de comportamiento se ve un cambio de tendencia: durante la administración anterior el peso de la canasta de servicios sobre el ingreso familiar. «Esta dinámica explica la alta sensibilidad social al comportamiento de las facturas en el peso del servicio en los ingresos», sostuvo.

De acuerdo al observatorio, un salario promedio registrado de $1.993.280 alcanzó en agosto para cubrir 6,9 canastas de servicios públicos. Esto refleja un deterioro frente al año pasado, cuando con un sueldo medio podían adquirirse 8,1 canastas dentro de la propia administración. Esta pérdida en la capacidad de compra expone que la necesidad oficial de contener el déficit fiscal y moderar la inercia del IPC choca contra el límite de la viabilidad social en los ingresos de los hogares.
Cobertura del costo energético y el regreso de los subsidios
A pesar del ajuste en las boletas, las tarifas aún están lejos de reflejar el costo real del sistema. Es que el Gobierno nacional volvió a priorizar el uso de subsidios para contener el impacto de los mayores costos de la energía sobre las tarifas. La estrategia quedó reflejada tanto en la evolución del nivel de cobertura tarifaria como en el incremento de las transferencias destinadas a sostener el sistema eléctrico.
Esta estrategia quedó reflejada en un informe de la consultora Economía y Energía, que señala que durante el primer semestre se devengaron subsidios energéticos por US$ 2.147 millones, un 80% más que en el mismo período del año pasado. Del incremento interanual de US$ 952 millones, más del 70% respondió al aumento de las transferencias del Tesoro Nacional a Cammesa, la compañía que administra el Mercado Eléctrico Mayorista (MEM).
Según explicó a EconoJournal Lara Bernsten, de Economía y Energía, en junio las tarifas residenciales cubrieron en promedio el 47% del costo de abastecimiento eléctrico, mientras que en el segmento comercial la cobertura alcanzó el 49%. Se trata de un promedio ponderado de toda la demanda residencial, por lo que el cálculo incluye tanto a los hogares alcanzados por el régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) como a aquellos que no reciben asistencia estatal.

El crecimiento de los subsidios estuvo directamente relacionado con el aumento de los costos de generación eléctrica. Durante el primer semestre, el costo de la generación asignada destinada al abastecimiento residencial y comercial promedió 90 dólares por MWh, un 21% por encima del ejercicio previo.
Esta suba respondió al mayor costo de la generación térmica, el mayor reconocimiento económico a la generación hidroeléctrica y el encarecimiento de las importaciones. En el segmento residencial, mientras el costo promedio de abastecimiento fue de 89 dólares por MWh, el precio estacional abonado por la demanda promedió 51 dólares.
La diferencia, equivalente a 38 dólares por MWh, fue cubierta mediante subsidios estatales. Para mantener el mismo nivel de cobertura registrado durante el primer semestre del año anterior, los precios estacionales deberían haberse incrementado un 22% adicional.
En paralelo, el costo de los combustibles utilizados para generar electricidad aumentó 26% interanual, afectado tanto por el encarecimiento del gas natural licuado (GNL) en el mercado internacional como por una matriz de abastecimiento con mayor participación de combustibles de mayor costo.
El gas natural y el nuevo esquema focalizado
En el mercado de gas natural, con un costo de abastecimiento estimado en US$ 5,2 por millón de BTU, los usuarios residenciales sin subsidio cubren alrededor del 90% de ese costo en invierno, porcentaje que supera el 100% en verano por menor demanda. En los hogares alcanzados por el régimen de Subsidios Energéticos Focalizados (SEF) (SEF), el bloque subsidiado cubre aproximadamente el 18% del costo de abastecimiento.
Desde este año, el SEF reemplazó la segmentación anterior por niveles de ingresos: acceden aquellos hogares que no superan tres Canastas Básicas Totales (CBT) del Indec y cumplen requisitos patrimoniales. En electricidad, los beneficiarios reciben bonificaciones sobre bloques de hasta 300 kWh mensuales en invierno y 150 kWh el resto del año, pagando el excedente a tarifa plena.
Las causas de estos movimientos responden a múltiples variables. Un factor determinante es el contexto de la Guerra: el costo de vida necesariamente se ve impactado por el encarecimiento global de los insumos energéticos. «Hay un tema de precio de la energía eléctrica, con un pico esperado en los 100 dólares, pero que llegó a 180 dólares por el costo del gas y combustibles importados en el marco del conflicto bélico«, explicó Einstoss.
A este escenario externo se suma el atraso del tipo de cambio utilizado como ancla antiinflacionaria -que contrasta con costos de generación dolarizados- y cambios en las reglas de juego locales, como el aumento en el valor de la generación hidroeléctrica tras las modificaciones regulatorias en el marco de las privatizaciones.
Comparativa regional: ¿dónde se ubican las tarifas de la Argentina?
A pesar de las marcadas subas y de la mayor presión sobre los ingresos familiares, los valores que pagan las familias argentinas continúan retrasados en la comparación internacional. De acuerdo con el análisis de Einstoss, el valor del kilovatio hora (kWh) en la Argentina resulta significativamente más accesible que en otros países de América del Sur o del Hemisferio Norte.
Aun con las recientes actualizaciones y el aumento de costos, el usuario argentino abona un valor del kW que, en el mejor de los casos, representa apenas un 30% de lo que se paga en países vecinos como Uruguay, Chile o Brasil, y dista aún más de las tarifas vigentes en metrópolis como Nueva York o Londres.
Desde la perspectiva de Einstoss, la contracara del proceso plantea dudas sobre la meta fiscal: «Uno pensaría que la contracara de ese incremento tarifario debería ser una reducción sustancial de los subsidios. Lo que vemos de las variables en términos reales es que en general el gasto del Estado en subsidios llegó en agosto del año pasado a un piso que el aumento de tarifas no puede perforar«.
Los datos del IIEP indican que el gasto en transferencias energéticas y de transporte se ubicará este año en torno al 0,6% del PBI, dificultando el compromiso oficial con el FMI de llevarlo al 0,55%.
La paradoja radica en cómo esta actualización interactúa con el IPC. «Hay un techo de cristal del proceso de desinflación del Gobierno: la indexación de los servicios de la inflación pasada pone piso a la inflación del mes próximo y dificulta la estabilización. Esto hace que al Gobierno se le haga muy difícil perforar el 2% promedio», detalló Einstoss.
Por último, el encarecimiento de los costos en moneda dura le resta competitividad a la economía general. «Si se suma el impacto del tipo de cambio, el aumento de costos de combustibles importados y el cambio de regla en el pricing, es un combo difícil de digerir para trasladar a tarifa, y empieza a crujir la meta fiscal«, concluyó el economista.
Fuente: https://econojournal.com.ar/energia/tarifas-energia-servicios-salarios/

