Con miles de soldaduras, el oleoducto hace su recorrido
Con cientos de kilómetros y miles de soldaduras, el oleoducto hace su recorrido por tierra, atravesando rutas, canales y arroyos. Para pasar en un tramo bajo el lecho del Río Negro, y cruzarse finalmente con el mar. Vaca Muerta Oil Sur es mucho más que una obra: desafía todos los límites imaginables, avanzando hacia el futuro
El desafío de contar en palabras el proyecto VMOS (Vaca Muerta Oil Sur) puede ser aún más difícil que interpretarlo cuando lo tenemos frente a nuestros ojos.
Parafraseando la voluntad pedagógica de los ingenieros a cargo del proyecto, un caño conecta la producción de Vaca Muerta, en Neuquén, con la terminal de Punta Colorada, frente a la costa atlántica de Río Negro, en punta Colorada.
Vaca Muerta Oil Sur es mucho más que una obra: desafía todos los límites imaginables, avanzando hacia el futuro.
El oleoducto es el principio activo de una mega obra que todos los días crece un poco más, entre estaciones de bombeo, tanques de almacenamiento, una terminal marítima y un equipo de operarios que trabajan de sol a sol para poner a punto el sueño de todo un país.
VMOS tiene el objetivo técnico de ampliar la capacidad de transportar, almacenar y exportar el petróleo proveniente de Vaca Muerta.
Hay cosas que los números no pueden explicar y hay paisajes que no permiten entender la magnitud de las cosas: en un lugar donde parece que el viento puede llevárselo todo, aparece una obra capaz de enfrentarse a kilómetros, medirse en horas o dibujarse en planos; donde la dimensión industrial se confunde con la dimensión humana.
“Estuve en todas las etapas del proyecto, es un orgullo personal y es mi deseo profesional verla funcionar el día de su inauguración”, dice el ingeniero Danilo Mengarelli. Él es Coordinador de Proyectos de OPS de la Estación 1 de Bombeo de Chelforó, y haber sido parte desde el principio de la obra lo convierte en un testigo privilegiado de la potencialidad del emprendimiento.
El oleoducto es el principio activo de una mega obra que todos los días crece un poco más.
Eso es VMOS, un proyecto que convive entre el objetivo técnico de ampliar la capacidad de transportar, almacenar y exportar el petróleo proveniente de Vaca Muerta; y el deseo profesional de miles de trabajadores que hicieron de VMOS una forma de vida, en busca de ser parte de la historia grande de la Argentina.
Porque dentro de cada campamento, al mando de cada grúa, arriba de cada camión, y al calor de cada soldadura, al final del camino habrá una sola pregunta: “¿Cómo hicimos para construir esto?” y una sola respuesta: “Lo hicimos entre todos”.
Miles de trabajadores hicieron de VMOS una forma de vida, en busca de ser parte de la historia grande de la Argentina.
Nadie se siente un espectador y todos son protagonistas de su propia historia, la sensación de ser parte del proyecto se respira en la generosidad de las respuestas de cada uno de los trabajadores; todos se sienten orgullosos de pertenecer y siempre hay algo nuevo para contar.
Hernan Romar es ingeniero y Gerente de Proyectos en AESA. Con más de 30 años trabajando en obras de gran escala, siente que ser uno de los responsables de este desarrollo va mucho más allá de la estructura en sí misma. En medio de su jornada laboral en la Estación Cabecera de Allén, confiesa que ejecutar un proyecto exportador es sentirse parte de algo mucho más grande.
En este proyecto nadie se siente un espectador, todos son protagonistas.
En VMOS hay jerarquías pero también está la emoción de miles de personas que sueñan con decir: “Yo estuve ahí”; aunque ya no será un sueño, será el camino a una megaobra. Hay que atreverse a soñar, porque los sueños sueños son, pero en VMOS, se hacen realidad.
De Río Negro al mundo
Lo que arrancó bajó tierra, cientos de kilómetros atrás, termina mirando hacia el mar, encontrando su conexión al mundo. Pero VMOS es mucho más que la interpretación del recorrido de un caño petrolero, es la columna vertebral de una operación que necesita que cada pieza funcione a la perfección.
Se trata de una obra monumental, que atraviesa rutas, canales, arroyos y el propio río Negro, donde el ducto pasa 20 metros por debajo de su lecho.
El recorrido del oleoducto parece salido del cauce de un guión cinematográfico: el petróleo que nace en la zona de exploración productiva de Vaca Muerta comienza su viaje con destino a Allen, pasando por la estación de bombeo de Chelforó para impulsar el ducto de crudo hacia Punta Colorada.
Allí el oleoducto llega a su destino, una terminal de almacenamiento compuesta por seis tanques y una terminal marítima conectada a dos monoboyas ubicadas a unos 7 kilómetros de la costa. En ese lugar termina el viaje por tierra y comienza otra etapa final: desde ese punto, el petróleo podrá abandonar la Patagonia y emprender su recorrido hacia los mercados del mundo.
La dimensión del proyecto exige un compromiso incansable de cada uno de los actores involucrados.
La obra deja la tierra y se cruza con el mar, donde una terminal marítima ofrece infraestructura adecuada para realizar, mar adentro, la carga de buques internacionales. Así de sencillo… así de increíble. Más increíble aún, porque se trata de los denominados VLCC (Very Large Crude Carrier), los buques más grandes que existen en el mundo para transportar petróleo.
En números, la dimensión también impresiona; un oleoducto de 30 pulgadas de diámetro y 437 kilómetros de largo conecta la Estación Cabecera de Allen con la Terminal Onshore de Punta Colorada; mientras que a mitad del recorrido, a 110 km de la cabecera, la Subestación de Bombeo 1 de Chelforó interviene el ducto para aumentar la presión y garantizar el transporte de crudo en los siguientes 327 kilómetros hasta la costa.
Lo que arrancó bajó tierra, cientos de kilómetros atrás, termina mirando hacia el mar, encontrando su conexión al mundo.
A lo largo de todo ese recorrido, el proyecto diseñó y resolvió más de 76 cruces especiales, realizándose más de 35 mil soldaduras para unir una obra que atraviesa rutas, canales, arroyos y el propio río Negro, donde el ducto pasa veinte metros por debajo de su lecho.
“VMOS tiene el desarrollo del proyecto de transporte más grande de la historia de la Argentina, nos permite alcanzar nuevos mercados y ser realmente competitivo a escala mundial”, explica el ingeniero Augusto “Nino” Castagnino. Director General de Operaciones (COO) de VMOS, define de manera precisa la contundencia de la obra y va más allá del sentido macroeconómico; “No es un discurso, es impacto real que transforma un montón de vidas”.
A lo largo de todo su recorrido, el proyecto diseño y resolvió más de 76 cruces especiales, realizándose más de 35.000 soldaduras.
VMOS, los números
El legado de VMOS no será solo la infraestructura del oleoducto, sino también el impacto en la economía rionegrina que hizo posible su construcción. La obra acumuló cerca de ocho millones de horas de trabajo de operarios locales y unos 240 millones de dólares inyectados a la economía de la provincia.
Con un pico de contrataciones de dos mil trabajadores en simultáneo entre el personal contratado en la cabecera de Allen en el Alto Valle, hasta los operarios de la Terminal de Punta Colorada frente a la Costa Atlántica, pasando por la subestación de Chelforó en el Valle Medio; 437 kilómetros de infraestructura que instalaron capacidad y formación profesional a la mano de obra de la provincia.
VMOS es el desarrollo de un proyecto único en la historia del país.
Pero el movimiento no terminó en los campamentos ni en los obradores que potenciaron la economía familiar de miles de hogares de la provincia.
Desde proveedores hasta compañías a cargo de tareas de mayor complejidad, prestaron el 80% de los servicios contratados superando los 400 millones de dólares si se consideran también aquellas firmas rionegrinas que fueron partes del desarrollo en trabajos que requieren de mayor valor agregado, como Fricsa, ECD Sur, Energisur, Provisión de Hormigón GYM, Prear, El Fortín , SAPSA, Pataco Construcciones o Hidrofrac.
La dimensión del proyecto exige un compromiso incansable de cada uno de los actores involucrados, trabajar contra el terreno, contra el clima y principalmente, contra el tiempo, porque cada una de las etapas depende de la que pasó y de la que está por llegar.
Una mala decisión puede modificar lo que se hizo ayer y lo que se debe hacer mañana, lo que provoca una sensación difícil de explicar desde afuera. Se trata de una obra que se desarrolla en diferentes lugares a la vez, en simultaneo; VMOS es el desarrollo de un proyecto único en la historia del país, que contrasta con el pasado y avanza pensando en el futuro.

