La evolución de la integración gasífera en América del Sur
El crecimiento de Vaca Muerta y el avance de nuevos proyectos gasíferos en Sudamérica están generando un escenario inédito para el sector energético. Con una mayor disponibilidad de recursos y cambios en la producción de los principales países de la región, especialistas consideran que llegó el momento de avanzar hacia un mercado regional de gas natural que permita aprovechar de manera más eficiente la infraestructura existente y fortalecer el intercambio energético entre las naciones.
Durante el webinar “Hacia un mercado regional para el gas natural”, organizado por el Mercado Electrónico de Gas (MEGSA), Vaca Muerta ocupó un lugar central en el análisis realizado por Guido Maiulini, jefe de Asesoría Estratégica de la Organización Latinoamericana de Energía (OLACDE). El especialista repasó la evolución de la integración gasífera en América del Sur y explicó cuáles son las condiciones que podrían impulsar una nueva etapa de cooperación entre los países del MERCOSUR y Chile.
De acuerdo con el análisis presentado, el contexto actual es muy diferente al de décadas anteriores. Mientras Argentina cuenta con recursos suficientes para abastecer la demanda regional durante varios años gracias al potencial de sus yacimientos no convencionales, Brasil proyecta un fuerte incremento de su producción a partir del desarrollo del Pré-Sal. En paralelo, Bolivia atraviesa un proceso de disminución de su producción de gas.
En ese contexto, Maiulini señaló que el principal desafío ya no pasa por la disponibilidad del recurso, sino por la construcción de un mercado regional que permita aprovechar ese potencial. Para lograrlo, consideró indispensable ampliar la infraestructura de transporte, avanzar en la armonización de las regulaciones y establecer reglas claras que faciliten el comercio de gas entre los distintos países.
Durante la presentación también se difundieron los principales resultados de un estudio que OLACDE desarrolla con el apoyo de CAF, el banco de desarrollo de América Latina y el Caribe. El trabajo analiza la integración gasífera entre los países del MERCOSUR y Chile mediante un modelo de simulación de flujos regionales.
Según ese estudio, un escenario de mayor integración permitiría alcanzar intercambios de entre 60 y 70 millones de metros cúbicos diarios de gas natural. Además, el movimiento comercial podría representar entre 4.000 y 5.000 millones de dólares anuales y reducir significativamente las importaciones de otros combustibles, con un ahorro estimado de hasta 2.400 millones de dólares por año.
Sin embargo, para llegar a ese objetivo será necesario ampliar la capacidad de transporte. Maiulini explicó que buena parte de la infraestructura disponible ya está siendo utilizada y que las futuras necesidades de exportación exigirán nuevas inversiones en gasoductos y sistemas de conexión regional.
Uno de los proyectos considerados estratégicos es la ampliación del sistema entre Tratayén y La Carlota. Esa obra permitiría transportar mayores volúmenes de gas desde Vaca Muerta hacia el norte argentino, donde se encuentran los principales puntos de conexión con los países vecinos. El estudio también determinó que nueve de las once rutas de integración analizadas requieren reforzar la capacidad de transporte desde la cuenca neuquina.
Las inversiones necesarias para concretar el conjunto de obras relevadas rondan los 18.000 millones de dólares. No obstante, desde OLACDE remarcaron que la infraestructura, por sí sola, no alcanzará para consolidar un mercado regional.
Entre los aspectos considerados prioritarios aparecen la convergencia regulatoria, la interoperabilidad de los contratos, la armonización de tarifas y la creación de marcos jurídicos estables que otorguen previsibilidad a las inversiones de largo plazo y permitan financiar los nuevos proyectos.
Maiulini también destacó que una mayor integración energética puede fortalecer la seguridad del abastecimiento en toda la región. Un sistema con más interconexiones permitiría enfrentar con mayor solidez eventuales crisis energéticas, además de reducir el impacto de la volatilidad de los mercados internacionales y de los conflictos geopolíticos sobre el suministro de gas.

